Caminando por el valle del arroyo Peregrinos que pasa por detrás de casa, nos encontramos ya hace tiempo entre los árboles, en una zona inaccesible, los restos de un viejo coche chocado. ¿Cómo habrá llegado hasta allí? La carretera está bastante alejada, y alguien debe haberlo arrastrado con bastante esfuerzo hasta este punto. Siempre que salimos a caminar, llegamos hasta el coche y nos quedamos extasiados, casi como los monos del principio de 2001 Odisea en el Espacio al encontrar el monolito extraterrestre. ¿Quiénes irían en ese coche? ¿Habrán sobrevivido o no? Valga este blog como pequeño homenaje a los ocupantes de este coche fallido que hoy descansa en nuestro valle, convertido en la ermita secreta de nuestros peregrinajes.
sábado, 8 de junio de 2013
domingo, 31 de marzo de 2013
Cataratas del Iguazú
Para mí, fue la segunda vez que las visitaba en mi vida. La primera vez fue cuando tenía 12 años, a modo de viaje de fin de curso de la escuela primaria. Lo único que recuerdo de aquel viaje son dos cosas. Por un lado, la cámara de fotos Kodak que llevé. Solo saqué un rollo, pero recuerdo bien las fotos, que mire y remiré muchas veces en mi vida. Siempre me habían parecido amarillentas, como viejas y descoloridas, pero ahora comprobé que el agua mezclada con la tierra roja tiene ese color y que no solo se trataba del paso del tiempo.
Mi segundo recuerdo es que nos llevaron a Foz de Iguazú, del lado brasilero, y allí los profesores nos dieron una hora para pasear solos por la ciudad y comprar regalos para la familia. Caminar solo con algún compañero por las calles de otro país era una experiencia que me quedó grabada. Y solo teníamos 12 años.
En esta ocasión, casi 40 años después de aquella visita, las cataratas me parecieron imponentes. Las recorrimos del lado argentino, y luego del brasilero, esquivando coatíes y cruzándonos con turistas de todo el mundo.
Me gusta pensar mucho en ese río inmenso que siempre fluye, alimentado por la selva mas majestuosa de la tierra. Un proceso permanente, de siglos y más siglos. Lo ví con 12 años, y ahora otra vez con casi 50 junto con mis hijas, de 14 y 12 años. Quizás cuando ellas cumplan 50 vuelvan a visitarlas con sus hijos, y ellos saquen nuevas fotos, menos amarillentas.
Por cierto, no puedo dejar de hacer una disgresión final: creo que las cataratas son el santuario de la fuerza opresora que da nombre a este blog, su máximo y más elocuente monumento. Vamos a contemplar el agua eterna que cae como quien va al templo a arrodillarse ante su dios. Curiosamente no existió en la antigüedad clásica la diosa Gravedad, pero creo que merece la pena proponerla ahora. El santuario ya lo tenemos!
Abrazo a tod@s,
Jorge
sábado, 30 de marzo de 2013
Alberto Gómez
Yo me crié en Buenos Aires, en un departamento de tres ambientes frente a la plaza Congreso. Era un departamento muy chico, orientado al interior de la manzana. Una de las dos habitaciones tenía una ventana que daba a un lavadero, que a su vez daba a un patio interior. Era una habitación pequeña y oscura, y allí dormían mis padres.
Evidentemente, a la hora de elegir, ellos nos dejaron a mi hermana y a mi la mejor habitación, la más grande y luminosa. Orientaba al corazón de manzana, y desde ahí yo me pasaba muchas horas mirando las medianeras y ventanas de otras casas.
Solo entraba el sol unos pocos días del verano. Era un rayo transversal, muy estrecho y fugaz. Ese rayo de sol representaba las vacaciones, y a veces Silvina y yo nos poníamos a tomarlo, a tomar sus diez centímetros de ancho de ese instante fugaz que nos generaba tanta ilusión.
Al jugar yo era muy ruidoso. Me gustaba mucho hacerlo con bolitas de vidrio (canicas), pero también con pelotas de tenis o incluso de futbol. corriendo y pateando de una punta a la otra del departamento. En una ocasión, de un pelotazo tiré uno de los posters que colgaba mi hermana sobre el piano. Me subi al piano para volver a colgarlo, me resbalé y caí sobre una silla rompiéndola. Lo más increible, es que tiempo después volví a tirar el poster con la pelota, volví a subirme al piano y volví a resbalar, rompiendo otra silla!
Evidentemente el vecino de abajo sufría nuestros ruidos, y cada dos por tres venía a golpearnos la puerta y a quejarse. Me quedó grabado su nombre como el de un ogro malvado, Alberto Gómez. Si venía Alberto Gómez, era una malísima señal.
Alberto Gómez era un cantante de tangos. Gracias a la maravilla de internet, ahora puedo escucharlo. Leo en wikipedia que justo por aquellos años, 69-70, publicó uno de sus mejores discos en RCA-Victor, justo cuando yo lo aturdía con los ruidos de las bolitas.
En este link pueden escuchar una de sus temas más famosos y cantado por él mismo: Milonga que peina canas
http://www.todotango.com/Spanish/las_obras/Tema.aspx?id=g2/paMDDXYo=
Va mi pequeño homenaje y mis disculpas póstumas por las molestias ocasionadas
Abrazo a tod@s,
j
Evidentemente, a la hora de elegir, ellos nos dejaron a mi hermana y a mi la mejor habitación, la más grande y luminosa. Orientaba al corazón de manzana, y desde ahí yo me pasaba muchas horas mirando las medianeras y ventanas de otras casas.
Solo entraba el sol unos pocos días del verano. Era un rayo transversal, muy estrecho y fugaz. Ese rayo de sol representaba las vacaciones, y a veces Silvina y yo nos poníamos a tomarlo, a tomar sus diez centímetros de ancho de ese instante fugaz que nos generaba tanta ilusión.
Al jugar yo era muy ruidoso. Me gustaba mucho hacerlo con bolitas de vidrio (canicas), pero también con pelotas de tenis o incluso de futbol. corriendo y pateando de una punta a la otra del departamento. En una ocasión, de un pelotazo tiré uno de los posters que colgaba mi hermana sobre el piano. Me subi al piano para volver a colgarlo, me resbalé y caí sobre una silla rompiéndola. Lo más increible, es que tiempo después volví a tirar el poster con la pelota, volví a subirme al piano y volví a resbalar, rompiendo otra silla!
Evidentemente el vecino de abajo sufría nuestros ruidos, y cada dos por tres venía a golpearnos la puerta y a quejarse. Me quedó grabado su nombre como el de un ogro malvado, Alberto Gómez. Si venía Alberto Gómez, era una malísima señal.
Alberto Gómez era un cantante de tangos. Gracias a la maravilla de internet, ahora puedo escucharlo. Leo en wikipedia que justo por aquellos años, 69-70, publicó uno de sus mejores discos en RCA-Victor, justo cuando yo lo aturdía con los ruidos de las bolitas.
En este link pueden escuchar una de sus temas más famosos y cantado por él mismo: Milonga que peina canas
http://www.todotango.com/Spanish/las_obras/Tema.aspx?id=g2/paMDDXYo=
Va mi pequeño homenaje y mis disculpas póstumas por las molestias ocasionadas
Abrazo a tod@s,
j
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)











