sábado, 22 de septiembre de 2012

Influencias l

Mi padre murió cuando yo tenía 17 años. A pesar de esa muerte temprana, fue una marca enorme en mi vida.
Era abogado criminalista, algo especialmente seductor y rodeado de aventura. Se hizo un nombre en la profesión, y algunos de sus casos y estrategias de defensa fueron motivo de estudio en la facultad de derecho de Buenos Aires. Era original, y rompía las reglas, como cuando redactaba sus alegatos en verso. Solía defender personajes de lo más extraños, asesinos de mayor o menor monta, y en general gente sin recursos. Los instruía para mantenerse prófugos cuando era posible,  pero si caían presos siempre les hacía seguir una estrategia de "no declarar".
Creo que tenía mucha personalidad, y sabía que en esto de los asuntos humanos todo es absolutamente relativo, y depende del modo en que se presente. De joven había leido mucha filosofía, seguro que mucho a los Sofistas, y aunque en sus últimos años renegaba de la justicia y de las "ciencias" humanas en general, había incorporado unos fundamentos que le permitían vivir con aplomo y abriendo caminos.
En los últimos años de su vida se puso a estudiar por su cuenta electricidad y electrónica. Desengañado por la mediocridad de la justicia y los jueces, dio un vuelco en sus inquietudes abrazando a su modo la revolución tecnológica que él fue capaz de reconocer y celebrar. Todas las mañanas se levantaba muy temprano, a las 5 o 6, o incluso antes, y dedicaba esas horas previas mientras todos dormíamos para estudiar. Era muy metódico, y creo que estudió tanto y tantos años que de haber ido a la universidad habría terminado la carrera de ingeniería, sin duda.
Con un inicio claramente humanista, en los últimos años de su vida tuvo una pasión científica que sin duda influyó en mi hermana y en mí, y en nuestras carreras de física y arquitectura.
En mi caso, la influencia fue extrema al elegir el industrial Otto Krause como colegio secundario, y luego la especialidad de electricidad. Sin embargo, ya en los últimos años de escuela, lo tecnológico me resultaba aburrido y poco interesante, y comencé a hacer actividades paralelas más artísticas, como fotografía y música. Con mi amigo Alberto Cortés, nos sentábamos bien atras en la clase, y nos dedicábamos a soñar con nuestros grupos de rock y el arte en general.
Mi padre murió cuando yo estaba en quinto año, justo en esos tiempos de rebeldía y búsqueda vocacional. Creo que su muerte terminó de rematar aquel camino que en un momento emprendí hacia la ingeniería. Ya no me atraía, y ya no estaba mi padre para influirme. Y sin embargo me influyó, y mucho, pero no literalmente, sino en lo profundo, en esa actitud vital de búsqueda y pasión, de interés por aprender y hacer, de saltarse el guión y abrir nuevos caminos. Sabiendo ser serio cuando correspondía, pero sorprendiendo siempre con un sentido del humor desbordante, que demostraba por encima de todo un enorme optimismo, un amor inmenso por la vida y una capacidad enorme para diferenciar lo importante de las miserias del día a día. Una fantástica influencia, que estoy muy orgulloso de haber recibido.
Abrazo a tod@s,
j



domingo, 16 de septiembre de 2012

Adolescencias

Nuestras dos hermosas hijas ya son adolescentes, o casi.
Esta situación me retrotrae a mi propia adolescencia, y es inevitable compararlas... Los tiempos han cambiado mucho, y sin duda para mejor.
Mis padres fueron bastante conservadores, y en mi caso me mandaron a un colegio primario privado, católico y sólo de hombres... Que horror, ahora que lo pienso.
Escuela Argentina Modelo, Buenos Aires - Mi escuela primaria

Por suerte al término de la primaria, la influencia de mi padre me llevó a dar un giro radical y entrar al Otto Krause, un colegio industrial y público, donde de repente me encontré con gente de otra extracción social, mucho más popular y diversa que el grupo elitista de "alta " sociedad que había conocido en la primaria.
ENET Nº1 Otto Krause, Buenos Aires - Mi secundaria


El problema es que el colegio industrial, aunque mixto, no tenía prácticamente chicas, así que en los hechos seguí formándome en un entorno de chicos...
Obviamente, esta formación segregada sumada a mi natural timidez me llevaron a tener una adolescencia  donde la relación con las chicas tuvo para mí una torturante escasez. Si a eso le sumamos los ramalazos de catolicismo que sufrí en la primaria, y que gracias a dios... pude ir superando rápidamente, el cuadro queda claro, y no fue exactamente un buen modelo.

Cuando veo a mis hijas absolutamente integradas e interactuando de un modo natural con chicos y chicas durante toda su formación, me siento reconfortado, porque veo que ellas han superado aquel viejo modelo, y pueden disfrutar de una vida social normal y natural, sin torturas mentales de ningún tipo:  con la timidez y los miedos propios de la edad, sí, pero superándolos con libertad y naturalidad.

Los tiempos han ido a mejor, no cabe duda.

Abrazo a tod@s

j


sábado, 8 de septiembre de 2012

Ética de urgencia

Hace unos 20 años me entusiasmé muchísimo al leer "Ética para Amador" del filósofo español Fernando Savater, un libro que escribió dirigiéndolo a su hijo adolescente. Ahora acaba de salir "Ética de urgencia", una especie de actualización de aquel, y en este fin de semana me lo he devorado.
Es cierto, como dice el libro, que en estos 20 años han surgido muchas nuevas problemáticas que plantean dilemas morales que no existían hace 20 años, fundamentalmente debido a la imparable revolución tecnológica en temas como internet, la biotecnología y muchos otros. 
Me gusta Savater porque es un pensador muy práctico y comprometido, que inspira y que transmite ideas para pensar la realidad en clave optimista y con un profundo sentido social, con la razón como herramienta para ayudarnos a hacernos las preguntas clave y sobrevivir al intento. Sus libros siempre te dejan una sensación positiva y de amor inmenso a la vida y a la humanidad. Sin necesidad de dioses ni de mitos, por cierto. 
Recomiendo los dos libros!
Abrazo a tod@s,
j