Mi padre murió cuando yo tenía 17 años. A pesar de esa muerte temprana, fue una marca enorme en mi vida.
Era abogado criminalista, algo especialmente seductor y rodeado de aventura. Se hizo un nombre en la profesión, y algunos de sus casos y estrategias de defensa fueron motivo de estudio en la facultad de derecho de Buenos Aires. Era original, y rompía las reglas, como cuando redactaba sus alegatos en verso. Solía defender personajes de lo más extraños, asesinos de mayor o menor monta, y en general gente sin recursos. Los instruía para mantenerse prófugos cuando era posible, pero si caían presos siempre les hacía seguir una estrategia de "no declarar".
Creo que tenía mucha personalidad, y sabía que en esto de los asuntos humanos todo es absolutamente relativo, y depende del modo en que se presente. De joven había leido mucha filosofía, seguro que mucho a los Sofistas, y aunque en sus últimos años renegaba de la justicia y de las "ciencias" humanas en general, había incorporado unos fundamentos que le permitían vivir con aplomo y abriendo caminos.
En los últimos años de su vida se puso a estudiar por su cuenta electricidad y electrónica. Desengañado por la mediocridad de la justicia y los jueces, dio un vuelco en sus inquietudes abrazando a su modo la revolución tecnológica que él fue capaz de reconocer y celebrar. Todas las mañanas se levantaba muy temprano, a las 5 o 6, o incluso antes, y dedicaba esas horas previas mientras todos dormíamos para estudiar. Era muy metódico, y creo que estudió tanto y tantos años que de haber ido a la universidad habría terminado la carrera de ingeniería, sin duda.
Con un inicio claramente humanista, en los últimos años de su vida tuvo una pasión científica que sin duda influyó en mi hermana y en mí, y en nuestras carreras de física y arquitectura.
En mi caso, la influencia fue extrema al elegir el industrial Otto Krause como colegio secundario, y luego la especialidad de electricidad. Sin embargo, ya en los últimos años de escuela, lo tecnológico me resultaba aburrido y poco interesante, y comencé a hacer actividades paralelas más artísticas, como fotografía y música. Con mi amigo Alberto Cortés, nos sentábamos bien atras en la clase, y nos dedicábamos a soñar con nuestros grupos de rock y el arte en general.
Mi padre murió cuando yo estaba en quinto año, justo en esos tiempos de rebeldía y búsqueda vocacional. Creo que su muerte terminó de rematar aquel camino que en un momento emprendí hacia la ingeniería. Ya no me atraía, y ya no estaba mi padre para influirme. Y sin embargo me influyó, y mucho, pero no literalmente, sino en lo profundo, en esa actitud vital de búsqueda y pasión, de interés por aprender y hacer, de saltarse el guión y abrir nuevos caminos. Sabiendo ser serio cuando correspondía, pero sorprendiendo siempre con un sentido del humor desbordante, que demostraba por encima de todo un enorme optimismo, un amor inmenso por la vida y una capacidad enorme para diferenciar lo importante de las miserias del día a día. Una fantástica influencia, que estoy muy orgulloso de haber recibido.
Abrazo a tod@s,
j
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