domingo, 16 de septiembre de 2012

Adolescencias

Nuestras dos hermosas hijas ya son adolescentes, o casi.
Esta situación me retrotrae a mi propia adolescencia, y es inevitable compararlas... Los tiempos han cambiado mucho, y sin duda para mejor.
Mis padres fueron bastante conservadores, y en mi caso me mandaron a un colegio primario privado, católico y sólo de hombres... Que horror, ahora que lo pienso.
Escuela Argentina Modelo, Buenos Aires - Mi escuela primaria

Por suerte al término de la primaria, la influencia de mi padre me llevó a dar un giro radical y entrar al Otto Krause, un colegio industrial y público, donde de repente me encontré con gente de otra extracción social, mucho más popular y diversa que el grupo elitista de "alta " sociedad que había conocido en la primaria.
ENET Nº1 Otto Krause, Buenos Aires - Mi secundaria


El problema es que el colegio industrial, aunque mixto, no tenía prácticamente chicas, así que en los hechos seguí formándome en un entorno de chicos...
Obviamente, esta formación segregada sumada a mi natural timidez me llevaron a tener una adolescencia  donde la relación con las chicas tuvo para mí una torturante escasez. Si a eso le sumamos los ramalazos de catolicismo que sufrí en la primaria, y que gracias a dios... pude ir superando rápidamente, el cuadro queda claro, y no fue exactamente un buen modelo.

Cuando veo a mis hijas absolutamente integradas e interactuando de un modo natural con chicos y chicas durante toda su formación, me siento reconfortado, porque veo que ellas han superado aquel viejo modelo, y pueden disfrutar de una vida social normal y natural, sin torturas mentales de ningún tipo:  con la timidez y los miedos propios de la edad, sí, pero superándolos con libertad y naturalidad.

Los tiempos han ido a mejor, no cabe duda.

Abrazo a tod@s

j


1 comentario:

  1. Hola Jorge. Mandé un comentario anterior pero creo que no salió.
    Me siento muy identificado con tu editorial. En mi caso, mi escuela primaria también fue pública pero con la misma ausencia femenina que sufrimos en el Krause, lo cual me trajo muchos problemas para acercarme al sexo opuesto hasta avanzada mi juventud. Por suerte, nuestras hijas crecen en otra realidad, con una interacción mucho mas fluida y mas sana.
    Tal vez agregaría que nuestra etapa de crecimiento fué en un país con uan realidad social jodida y con derechos muy limitados, lo cual nos marcó mas.
    Gracias a Dios tanto en España como en nuestro país, hoy tus chicas y la mía viven tiempos mucho mejores para crecer.
    Un abrazo
    Gustavo

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