Este miércoles pasado me levanté como siempre y fui a la cocina a prepararme el desayuno. Abrí el mueble alto donde guardamos los cereales, y vi que el gran frasco del müesli estaba vacío, así que decidí rellenarlo con una de las bolsas que había comprado. Un frasco muy bonito de vidrio bien grueso.
Al cogerlo se me resbaló de la mano. Instintivamente bajé la mano a gran velocidad intentando perseguir al frasco... Conclusión, el frasco se reventó contra la encimera y yo me clavé un vidrio en la muñeca.
Al verme la herida pensé que la había palmado, y que mi afición al müesli me costaría la vida del modo más absurdo. Metí la mano bajo el grifo mientras sentía como me bajaba la tensión. Llegó Virginia asustada por el ruido y mis lamentaciones, y comenzamos la fase de gritos varios. Rememorando tantas películas, le pedí que me hiciese un torniquete... Mientras tanto comencé a notar que se me aflojaban las piernas más y más y me fui al salón pensando en recostarme en el sillón. Al verlo pensé que si me acostaba la palmaba, así que tambaleándome salí a la calle hacia el coche. Aunque yo no lo recuerdo, Virginia me dice que me caí contra una de las puertas y con el golpe arranqué el embellecedor de plástico que llevan. Pude dar la vuelta al coche y dejarme caer en el asiento del copiloto.
Virginia condujo super rápido hasta el hospital de Torrelodones y entramos a Urgencias. Ahí me di cuenta que iba descalzo y con unas bermudas de jean todas rotas y manchadas de sangre. Según Virginia irrumpí en Urgencias como una especie de increible Hulk.
Sorprendentemente ya no sangraba tanto, y eso me tranquilizó. Pero rápidamente llegó la mala noticia, me había cortado un tendón. Así que terminé en el quirófano y con una escayola (yeso) que he de llevar 3 semanas. Luego vendrá la rehabilitación.
El gran problema es que es la mano derecha, mi mano útil, así que ahora me he convertido en bastante inútil. No puedo escribir, ni dibujar, ni conducir, y escribir este post con la izquierda es un ejercicio de gran paciencia.
Pero es injusto echar la culpa de este accidente a mi afición al müesli, o incluso al pobre frasco, que murió sin más remedio. Tampoco a mi estúpido instinto de perseguir al frasco en su caida libre, algo que solo representa un cierto punto de lelada...
No, la causa es siempre la misma, y es esa que da nombre a este blog: la maldita y opresiva fuerza de gravedad que impulsó al frasco en su viaje final, y a mi mano y a mi tendón detrás... Hagamos lo que hagamos, siempre terminamos estrellados contra la misma evidencia, una y otra vez.
Abrazo con un brazo a tod@s.
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