Quiero recomendar la lectura de un artículo de John Carlin, escritor y periodista inglés que vivió parte de su infancia y juventud en Argentina, y que ha salido publicado hoy en El País. Su título es altamente provocador:
"Thatcher, la libertadora argentina", por John Carlin
Y creo que, aunque moleste, tiene bastante razón. Recuerdo muy bien como tras la toma de las islas el progresismo local salió a vitorear a los nazis de la junta militar con un borracho a la cabeza y 30.000 desaparecidos a sus espaldas... De repente una ideología atávica de rancio nacionalismo logró unir al país entero, por izquierda y por derecha, anteponiendo el "antimperialismo" a la lucha por la democracia.
Como bien dice Carlin, de no haber sido por el empecinamiento también nacionalista de Thatcher, la dictadura se habría consolidado y hoy la historia sería muy distinta. Es triste tener que reconocerlo, pero Argentina no recuperó la democracia por su lucha, sino por la propia defección de los militares derrotados y humillados por Margaret Thatcher.
Como también bien denuncia Carlin, la enseñanza de la historia argentina en las escuelas es simplemente un lavado de cerebro. Una historia de fantasía, absolutamente falseada y edulcorada, de construcción de mitos casi religiosos (San Martín, Belgrano, etc), remachados con el canto continuado de marchas militares de arrojo y patriotismo... Imagínense como nos han dejado las neuronas, grabadas a fuego con todas esas locuras! Esa carga de profundidad que ahora todos portamos afloró esos días en toda su expresión y movilizó a todo el país, casi como un chip controlando a un ejercito de zombies, y la gente corrió a la plaza a aplaudir a Galtieri y a toda esa panda de asesinos y corruptos.
Por suerte yo no pude ir... porque en esos mismos momentos estaba en Campo de Mayo haciendo el servicio militar, muerto de miedo por si nos llevaban a las islas. Desde la condición de soldado, aquel jaleo bélico nos llenaba de espanto y no lo entendíamos.
Mañana se cumplen 30 años de aquella locura colectiva iniciada por una junta de asesinos para intentar lavar su cara y aferrarse al poder. Paradójicamente, debemos celebrar que hayan sido derrotados, aunque en el camino hayan añadido a su lista de víctimas a casi 700 pobres soldados. De su derrota nació la democracia que hoy el país disfruta, y que ya suma casi 30 años de estabilidad. Un logro mayúsculo si si considera la juventud del país, con una historia independiente de solo 200 años, mayormente convulsos.
Abrazo a tod@s